La presencia de Dios exige escuchar a Alguien que viene de más allá de nosotros, que supera nuestros deseos y que desborda nuestros planteamientos. A ese Alguien (a Dios) podemos acogerlo o rechazarlo, dejarlo de lado una vez más o abrirle nuestro corazón.
La acogida requiere vencer obstáculos, resistencias y miedos.
Pero lo más importante de todo es sentir que Dios está presente en nuestro corazón y que basta cerrar los ojos y hacer silencio interior para poder tomar conciencia de ello, para bendecirlo, para adorarlo, para reconocerlo como nuestro Dios y Señor, para darle gracias y pedirle perdón por todo y para pedirle su ayuda de cara a ser mejores y ser sus testigos en la vida.
