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Redescubrir la Pascua

La Pascua debería ser la gran ocasión para repasar la infinita serie de alegrías que apenas disfrutamos. Debería ser el tiempo de descubrir: que somos dichosos porque fuimos llamados a la vida, porque entre la infinita multitud de seres posibles fuimos elegidos nosotros, amados antes de nacer y escogidos para este milagro de vivir.

La Pascua debería ser el tiempo de descubrir que somos dichosos porque fuimos llamados a la fe y recibimos esta gracia sin mérito alguno. Pudimos haber nacido en una familia de paganos e increyentes y, sin embargo, ya desde nuestro bautismo nos pusieron una señal en la frente que nos marcaba como elegidos y llamados al Evangelio. En la Vigilia Pascual recordamos y agradecemos de un modo solemne nuestro bautismo.

La Pascua debería ser el tiempo de descubrir que somos dichosos porque Dios nos amó primero, porque Él no esperó a saber si nosotros merecíamos su amor y quiso empezar a amarnos antes de nuestro nacimiento. Debería ser el tiempo de descubrir que somos dichosos porque Jesucristo quiso permanecer siendo hombre después de su resurrección y quiso permanecer con nosotros. Cumplida la Redención, la resurrección de Jesús es para nosotros el nacimiento a la vida nueva, a la vida de Dios, a la vida de un amor que es más fuerte que la muerte