María vivía mirando a Jesucristo y tenía en cuenta cada una de sus palabras: “Guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 19).
Los recuerdos de Jesús impresos en su alma la acompañaron en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto a su Hijo.
También nosotros podemos meditar el Evangelio, de la mano y con la ayuda de María. Son aquellos recuerdos suyos los que constituyen los “misterios” del rosario.
